NO LO SÉ (O la fortaleza de la humildad)

En el ámbito sanitario, reconocer que no tenemos una respuesta inmediata puede resultar incómodo. Estamos acostumbrados a que el profesional transmita seguridad, resuelva dudas y ofrezca indicaciones claras. Sin embargo, la verdadera seguridad no consiste en aparentar que lo sabemos todo, sino en ser capaces de reconocer nuestros límites y actuar con responsabilidad ante ellos.

Decir «no lo sé» no debería interpretarse como una muestra de debilidad o de falta de preparación. Al contrario, puede ser el punto de partida de una práctica más rigurosa, honesta y comprometida con el paciente. Significa detenerse, revisar la evidencia, buscar formación acerca de lo que no sabemos, consultar a otros profesionales o derivar cuando la situación lo requiere. Significa anteponer la calidad asistencial al deseo de ofrecer una respuesta rápida.

La odontología y la higiene bucodental evolucionan de forma constante. Aparecen nuevos materiales, protocolos, tecnologías y líneas de investigación. Algunas recomendaciones que durante años parecieron incuestionables se revisan, se matizan o incluso se sustituyen por otras. En este contexto, mantenerse actualizado no consiste únicamente en acumular conocimientos, sino también en desarrollar una actitud crítica y estar dispuesto a cuestionar lo aprendido.

Esta disposición resulta especialmente importante en una época marcada por el exceso de información. Pacientes y profesionales estamos expuestos a publicaciones, vídeos, mensajes comerciales y opiniones que circulan con rapidez, especialmente en las redes sociales. No todo lo nuevo representa un avance, del mismo modo que no toda práctica tradicional sigue siendo necesariamente la más adecuada. Distinguir entre evidencia, tendencia y publicidad exige tiempo, criterio y formación continua.

El higienista dental ocupa una posición privilegiada dentro del equipo clínico. Su contacto directo y continuado con el paciente permite detectar cambios, observar la evolución de los tratamientos e identificar situaciones que merecen una valoración más profunda. Precisamente por ello, resulta fundamental saber hasta dónde llegan nuestras competencias y cuándo debemos solicitar la intervención de otro profesional.

También debemos sentirnos cómodos preguntando a nuestros compañeros. Compartir dudas, contrastar experiencias y pedir una segunda opinión no reduce nuestro valor profesional. Lo refuerza. Una clínica en la que se puede preguntar sin temor es una clínica que aprende, mejora y protege mejor a sus pacientes.

La humildad profesional no implica inseguridad. Implica reconocer que el conocimiento es amplio, cambiante y colectivo. Nadie puede dominarlo todo, pero todos podemos comprometernos a seguir aprendiendo.

Quizás una de las respuestas más responsables que podemos ofrecer en determinados momentos sea: «No tengo la respuesta ahora, pero voy a informarme». Tras ella no hay una renuncia, sino la intención de mejorar y dar lo mejor como profesionales.

Porque saber mucho es importante. Pero saber cuándo detenerse, preguntar y revisar lo que creemos saber también forma parte de la excelencia profesional.

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