¿Me conviene realizar una dieta cetogénica?

Autora:

Marina Pericet Carballido

Dietista y Nutricionista

La dieta cetogénica (o dieta keto) ha sido buscada a través de internet por millones de personas en los últimos años, pero también ha sido discutida por profesionales de la salud.

La alta prevalencia de sobrepeso y obesidad ha llevado a que estas personas intenten recurrir a dietas populares para invertir su situación, logrando convertir la dieta cetogénica en una opción de moda.

Existen evidencias de beneficios para ciertas situaciones, pero también existen riesgos y preocupaciones.

Breve reseña histórica de la dieta cetogénica

Durante el estudio de la epilepsia, se observó que las convulsiones eran menos graves en momentos de inanición. Es aquí cuando nació entonces la dieta cetogénica, ya que se observó que en momentos de inanición se generaba acetona y ácido beta-hidroxibutírico, lo mismo que pasaría si se consumiese una dieta baja en carbohidratos. De ahí el término “dieta cetogénica”.

Se volvió entonces una dieta ideal en el tratamiento de la epilepsia infantil, pero que fue perdiendo importancia a medida que se fueron desarrollando nuevos medicamentos para la epilepsia.

¿Qué es la dieta cetogénica?

La característica principal de la dieta cetogénica es mantener los carbohidratos en cantidades muy bajas, y optar por niveles variables de proteínas y grasas. Es decir, consiste en no ingerir más allá de 20-25 gramos, aproximadamente, de hidratos de carbono en un día, lo que supone una cantidad insignificante y muy alejada de la realidad de una dieta equilibrada en cuanto a macronutrientes. En este caso, el mayor porcentaje de calorías se lo lleva la grasa, convirtiéndose en una dieta rica en grasas, media en proteínas y mediocre en hidratos de carbono.

¿Qué es el estado de cetosis?

En circunstancias de normalidad, el cuerpo hace uso de los carbohidratos para generar energía. Si nos abstenemos de consumir hidratos de carbono, será la glucosa almacenada en forma de glucógeno la que estará disponible como combustible, pero si esto se mantiene en el tiempo, el combustible dejará de estar disponible (se agotará) al cabo de tres o cuatro días. Es en este momento cuando se empiezan a generar cuerpos cetónicos (se entra en estado de cetosis), ya que la grasa almacenada se convierte en el principal combustible y su descomposición en ácidos grasos libres proporciona la materia prima necesaria para la producción de cetonas en el hígado.

Dieta cetogénica para la pérdida de peso

No existen estudios demasiado concluyentes acerca del mecanismo de la dieta cetogénica en la pérdida de peso, pero sí se sabe que una dieta baja en carbohidratos, produce una mayor degradación de las grasas. Incluso en algunos estudios se llega a plantear la hipótesis de que la cetosis en sí puede suprimir el hambre en la persona que lleva a cabo una dieta cetogénica.

Si embargo, en otro estudio se observó una pérdida importante de agua libre al comienzo del mismo. Dando a entender que la pérdida de peso tan temprana y dramática puede deberse, realmente, a una disminución de los líquidos retenidos y no a una disminución de grasa en sí, que sería lo ideal y el objetivo principal de una dieta de adelgazamiento.

Por otro lado, hay estudios que mencionan la dieta cetogénica podría ser una alternativa factible a corto plazo, pero que a largo plazo el sujeto quedaría “estancado” o su pérdida de peso sería mucho más lenta, comparable con la velocidad que llevaría en una situación de normalidad ante una dieta hipocalórica pero rica en hidratos de carbono.

Dieta cetogénica ante enfermedades neurodegenerativas

Otro uso que se le ha otorgado a la dieta cetogénica es su aplicación en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Según estudios al respecto, las cetonas cruzan libremente la barrera hematoencefálica y previenen la disfunción mitocondrial, protegen a las neuronas del daño producido por los radicales libres y reducen la respuesta neuroinflamatoria y el estrés oxidativo. No obstante, esto será más o menos efectivo según el grado que curse la enfermedad, y siempre que se complemente con su tratamiento médico respectivo.

Entonces, ¿Qué riesgos puede suponer?

Una dieta cetogénica extendida en el tiempo puede suponer más riesgos que beneficios sobre la población general, pudiendo, incluso, generar enfermedades a nivel cardiovascular. La restricción de tantos alimentos ricos en vitaminas y minerales, y llenos de energía como las frutas, las legumbres y los cereales integrales, conlleva un desequilibrio en la dieta y, por tanto, a un estado de salud dudoso.

La dieta keto está contraindicada en mujeres embarazadas por posibles riesgos en el tubo neural del bebé, además de la posibilidad de acelerar la insuficiencia renal en personas con enfermedades renales si el consumo de proteínas es abusivo.

Partiendo de la base de que las células, así como las neuronas, se alimentan (como principal combustible) de la glucosa proveniente de los hidratos de carbono, si eliminamos este combustible, el organismo se ve sometido a realizar un gran esfuerzo para conseguir su “alimento”. Que, en este caso, será generado a partir de las grasas o de las proteínas. Dicho esfuerzo hace que las células y neuronas se depriman, llevándonos a experimentar problemas emocionales como tristeza o melancolía, e incluso cambios en el humor como irascibilidad.

Cabe destacar que, si obviamos consumir nuestra principal fuente de energía, apreciaremos una notable disminución de la fuerza, cefaleas, así como un aumento en el antojo de consumir dulces.

Conclusión

Parte del peso perdido en una dieta cetogénica puede deberse a una pérdida de agua y no a una disminución real de la grasa. Además, es una dieta que conlleva gran dificultad de cumplimiento a largo plazo por su alto carácter restrictivo.

Puede ser útil en situaciones de epilepsia o Alzheimer, pero innecesaria en la población general o incluso en aquellos que quieran bajar de peso. Existen métodos, como dietas hipocalóricas totalmente equilibradas y balanceadas, para obtener los mismos resultados.


BIBLIOGRAFÍA

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